sábado, 27 de noviembre de 2010

La sinrazón de la sinrazón



La propiedad privada y la libertad se nos presentan como la gran panacea del Neoliberalismo. Una vez tienes la propiedad de una cosa, puedes hacer lo que te plazca con ella. Lanzar a la basura la comida porque es tuya,  patear tu móvil en una ataque de ira porque es tuyo (o no vacunar a tu hijo porque es tuyo). La propiedad te da derecho sobre las cosa  incluso para destrozarla, romperla o tirarla. 

En este "maravilloso" sistema de propiedades privadas te ves  obligado a vender horas de tu vida y esfuerzos por un salario. No puedes escoger, so pena de acabar debajo de un puente o durmiendo en cualquier cajero de "La Caixa", porque tienes hijos, una hipoteca, un crédito o un largo etc. -o simplemente tienes que comer-. ¿Ésto es libertad?  Todos tus deseos pasan, gracias a este sistema en el que vivimos, a convertirse  en necesidades "imperiosas" y, así, cuando acabas un crédito, tienes otro crédito (ahora ni te lo dan y por eso están tan compungidos  los Bancos) y más dinero que sacan de la nada para cobrártelo después a precio de oro.  Tú trabajas para vivir y otros viven de lo que tú trabajas. Son conceptos de "vida"  al parecer diferentes.  ¡Y encima tienes que estar contento con tener "trabajo" a cualquier precio!. Inmersos en esa vorágine ya no se piensa en "lo de todos", porque todo es de alguien. Se piensa en lo de "uno".

Cuando empiezas a intuir que esto no es vida y que tan sólo te queda media hora para disfrutar de tus hijos, que ya no ves el campo ni el mar ni nada y que te has de conformar con sentarte cansado en el sofá a ver la vida de esos otros, te va invadiendo el descontento, te sientes desanimado deprimido y sin alicientes. La frustración y el desencanto de la vida cotidiana necesita un estímulo y no hay mejor estímulo que tocar la fibra sensible de nuestras emociones primarias. Patria, Nación, Religión, Honor, Dios, "El Misticismo Cuántico" o el Fútbol, cualquier elemento lo suficientemente ambiguo que sirva de argamasa para  aglutinar a un grupo. Las técnicas de captación  pasan por discursos apasionados sin ningún contenido pero utilizando elementos emotivos. Transmiten la idea que de la frustración es responsabilidad de un sector que se convierte en "los malos", arriman el ascua a su sardina descontextualizando hechos históricos y adaptándolos al discurso, con la idea de que "verdades hay muchas". Se empieza buscando "malos" de entre nosotros, gente que también venden sus horas y su esfuerzo: inmigrantes-ladrones, musulmanes-fundamentalistas terroristas, nacionalistas- insolidarios y malos, centralistas-dictadores, ateos-inmorales y descreídos, comunistas-que-viene-el lobo, y un largo etc. Así surgen los grupos ideólogicos a los que se les unen los folklóricos, como los seguidores de clubs de fútbol dónde lo que subyace no es el deporte. Los grupos homogeneizan a individuos de todo tipo que pasan a ser clasificados como buenos  o malos, según estén fuera o dentro del grupo. De esta manera, como por arte de magia los que eran  o podían ser colegas en la vida cotidiana, pasan a ser enemigos acérrimos.


Se olvida la historia y de nuevo renacen las guerras y los enfrentamientos entre hermanos, amigos, parientes y vecinos y, mientras, los que manejan el mundo tan contentos... ya se sabe que a "río revuelto ganancia de pescadores" y ellos ¡hala, a pescar y  pescar dividendos! ¡Pero si el nacionalista de a pie es el mismo que el centralista de a pie!¡Pero si el centralista de aquí es el nacionalista de allá! ¡Si el inmigrante de aquí es el emigrante de allá!. Vivimos tan enfervorizados con nuestras emociones que nos olvidamos de la solidaridad entre nosotros.


Lo importante de la propiedad privada no es que la tengas, sino que la tengan ellos. Tú  sí, propiedad privada de tus deudas y de las suyas. Parece pues que la importancia de esta descolorida libertad  no es que la tengas, sino que te la creas.

4 comentarios:

Miquel dijo...

buen escrito

Olimpia Willemenot dijo...

Gracias Miquel...a ver que nos depara el mañana.

jimi dijo...

sublime, expresa muy bien un sentimiento colectivo

Olimpia Willemenot dijo...

¡Gracias jimi!