jueves, 31 de marzo de 2011

Y a nosotros... ¿Quién nos salvará de ellos?


Es difícil comentar alguna cosa ante tanta indignación. Todavía no me he recuperado de la aprobación de la restricción del espacio aéreo de Libia, sin ningún veto de Rusia y China, que en nuestro Congreso de Diputados se vota la intervención de la OTAN con tan solo los votos en contra de IU y BNG y los votos a favor del resto incluidos los de ERC y ICV.
No salgo de mi asombro de cómo los titulares sedientos de desgracias con el cataclismo del terremoto, son cambiados de inmediato para dar paso a los espeluznantes detalles de las incursiones bélicas sobre Libia, todo en aras de la defensa de los “derechos humanos” de su población. Da que pensar -a los que piensan- el que las noticias sean tan dispares y algunas tan panfletarias y que de pronto el bueno se vuelva malo malísimo y que después de las revueltas de Túnez y Egipto se disparen otras, sabiendo como se sabe que “a río revuelto ganancia de pescadores” y que EEUU tiene dispuesta no su caña, sino sus redes lanzadas en todas partes. Con los mismos argumentos falaces que se utilizan de continuo para destacar la “falta de libertad” de los cubanos o cómo comen perros y viven con “200 euros al mes” los chinos o como de lo grotesco de Chavez o tantas y tantas informaciones descontextualizadas y manipuladas para crear en la gente un poso que después atizar cuando convenga, han dado noticias a diestro y siniestro para convencernos de la “necesidad vital” de utilizar armas, cuando primero se las han vendido. ¡Qué cinismo!
Triste es recordar cómo el etnocentrismo ha machacado culturas simplemente por el hecho de considerar nuestra sociedad más avanzada, una sociedad dónde los únicos que viven bien son unos cuantos y el resto se cree que llegará a vivir como ellos. Muchos tienen la esperanza de que podrán delinquir como ellos, con guante blanco y sin riesgo, o que les tocará la lotería. Mientras, los que viven en la miseria, se les saca de sus hábitats, se les expolia sus riquezas, se les quita incluso el agua y se les envenena el entorno y quedan extasiados con esta caricatura de vida nuestra. Pero en esta sociedad capitalista, lo que trasciende son esos pocos, no se ve el entorno de soledad en que se vive o malvive. El anhelo de estar repletos de juguetes inútiles, de horas cansinas de trabajo sin más aliciente que el sueño y más vida que un mañana que no llega. Hacinamos a niños y a ancianos en bloques de cemento, porque nos falta tiempo. Tiempo para los hijos y los afectos, tiempo para ver la vida. No hay tiempo. Es como el día de reyes, que cuando al final de las vacaciones te regalaban un juguete, no podías jugar con él porque tenías que volver al colegio. ¿Qué esperamos? ¿Un trabajo digno? ¿Cual es la dignidad de un trabajo? ¿Cuantos son los privilegiados que tienen un trabajo digno?¿No es perder la dignidad aceptar condiciones inhumanas por un salario? ¿Aceptar cualquier cosa por dinero a final de mes?¿Es eso?¿Esta es la sociedad envidiable?
Derecho a la salud, a educación, a una vida digna... ¿digna? Eso sí mucha libertad para decir, pero poca para hacer. Vivimos en sociedades donde el progreso se convierte en mercancía y donde nos movemos tan solo por etiquetas en las que no se mira el contenido.
Solo se sabe de esquemas simplistas, esos que ha potenciado esta sociedad de consumo, en donde no se lee la letra pequeña de nada porque cuesta un esfuerzo. Está escrita en caracteres diminutos y terminologías ininteligibles y así la gente se vuelve confiada por defecto. Con esa misma actitud se ve la televisión, sujetos pasivos de un bombardeo subliminal de valores. Solo nos quedamos con las etiquetas que entran por la vista, con mensajes pensados de colores y olores e imágenes que incitan al consumo y al aborregamiento.
De los efectos de El Tsunami se pasó a las desinformaciones de Fukushima y ahora figuran como noticias ya de segundo orden, cuando la radioactividad ha subido desorbitadamente con el peligro para la población y para los que trabajan allí y la situación de los daminificados es espantosa (curiosa noticia donde se destaca que el director de Tepco, la empresa propietaria de la central ha sido ingresado... ¡Pero por una subida de la presión arterial! ¿Qué nos importará, pregunto yo?)


Que los intereses de esta guerra eran económicos estaba claro y la similitud con otros muchos conflictos que ha abanderado EEUU y seguido sus secuaces no los ha amedrentado a seguir en la misma línea. Venden el patriotismo trasnochado cuando la crisis arraiga en los pueblos y el coste de esta guerra las agrava más si cabe, no el bolsillo de los poderosos que tienen a su séquito esperando les dejen caer unas migajas.
La guerra se vuelve una noticia más, despojada de su sufrimiento por tanta reiteración, con imágenes impactantes de sangre y muerte retransmitidas en directo que, dependerá de qué bando, incluso se verán con regocijo, ajenos a que detrás -sea del bando que sea- hay un ser humano. Después, los “representantes” del pueblo, esos que se decían “socialistas” aunque desde hace años han utilizado su poder para ir desbaratando poco a poco lo conseguido tras esa farsa de “transición”, o como diría el profesor Bernat Muniesa “transacción”, con la que engañaron a los ilusos con temores de golpes que al fin y al cabo eran simples luchas por el poder desde lo más alto- votan que sí y se añaden al festín otros, esos que nos vendían "sociedades del bienestar"o nacionalismos... ¿Bienestar de quién? ¿Dónde el ecologismo? Se nos olvidó preguntar.  Se lanzan a "salvar" a la población inocente -¿Cómo? ¿Con  armas como siempre? ¡Qué más da si mueren por “daños colaterales de los ataques de las fuerzas aliadas” o por un “ataque del dictador contra su propio pueblo” !Los que se deshacían en un “no a la guerra” de Irak, estos que nos entraron en la OTAN, éstos son los que se alían con EEUU que ahora parecen buenos porque Obama tiene el Nobel de la Paz.
Y los que a pesar de todo vemos y oímos, estamos consternados de tanto engaño, nos sentimos impotentes.
Nos roban las pensiones a cara descubierta y sin bochorno alguno. Nos venden a los bancos y en nuestro nombre apoyan otra guerra con la excusa de “salvar” a un pueblo. ¿No podían antes negociar? Bien lo había propuesto Chavez, pero éste es malo, como lo es Fidel u Ortega, todos malos. ¿Y la Merkel? ¿Es mala porque no ha querido intervenir...? ¿Pero no era la que nos arrastraba a todas estas medidas? ¿Será que no le es rentable ? ¿Será, pues, que se mueven otros intereses?
Apaga y vámonos. Y a nosotros ¿quién nos salva de ellos?


2 comentarios:

Miquel dijo...

La peor plaga es la de los políticos. Mires por donde mires cada vez se atrincheran más detrás de su cuenta corriente. Yo ya he perdido la fe. Salut

L'Albert dijo...

Per desgracia, tens tota la raó.