sábado, 10 de septiembre de 2016

Decíamos ayer...










Los periódicos se dedican a desinformar, de eso se trata. Todavía hay gente que cree en “El País”, ese medio cuyo vuelco a la derecha es vergonzoso porque hace tiempo que responde a los intereses de ese “socialismo” de pacotilla que nos han vendido y en el que se vierte continua ideología y se sigue azuzando a la masacre de los pueblos, como hicieron con Libia, hacen con Siria, siguen con Cuba y Venezuela, Corea del Norte y cualquier país que signifique una amenaza a esta sociedad “idílica” en la que viven muchos, pero de la que disfrutan tan solo unos cuantos. A éste se le han unido todos los demás, diarios “progresistas” que venden desinformación y no se salva ninguno. Y así se crea una ciudadanía desinformada que es lo que se pretende, una población en la que arraigue ese mensaje de “falta de libertad”, de “falta de democracia”, que sacan a relucir siempre que les interesa en un conflicto en el que hay que apoyar a EEUU y sus secuaces. Escenas manipuladas de niños heridos, mujeres violadas, hombres torturados,destrucción y miseria que impidan ver más allá y les permita ir expoliando pueblos.
No importa que los países hayan escogido democráticamente a sus líderes, ni que hayan constituciones aprobadas por sus parlamentos, da lo mismo poner en el poder a extremistas musulmanes o católicos, o que lleguen fascistas, no importa y no les ha importado nunca.
Pero existe una clase media (en extinción, ya que o bien se ha proletarizado o bien una minoría enriquecida forma ya parte del establishment) pero la que queda todavía cree que es posible que con el décimo de la lotería, la primitiva, el número de los ciegos, las apuestas o el chanchullo, pueda dar el salto y llegar a pertenecer a la élite.
Esto es lo que hacen creer; que en el capitalismo falla la gente, no el sistema. Por eso tampoco importa airear la corrupción, el fraude sistemático, el amiguismo, etc. No pasa nada, la culpa es siempre de “personas”, que tras el escándalo pasan a disfrutar de otro tipo de prestigio, el prestigio de haber sido capaz de robar más que otros y aprovecharse del sistema.
Todo pensado para dar trabajo a “todo” el mundo.
Despachos de abogados que viven de eso, de aprovechar prescripciones, o provocarlas, de buscar los resquicios de la norma para enriquecerse. Da lo mismo que sean ladrones, sinvergüenzas sin escrúpulos o narcotraficantes.
Esa “libertad” que sale a la luz, para regodeo de los poderosos, cuando ya no puede nada más escandalizar y porque se ha creado ese mecanismo de la ”indefensión aprendida” que tiene el poder de anestesiar pensando que las cosas son así y no pueden cambiar y es mejor “resignarse”.
El escándalo, el estafador de medio pelo, la corruptela, parecen formar parte de la vida cotidiana y de la idiosincrasia del país y el estafar a las Mutuas, a Hacienda, a la Seguridad Social, al paro..., se minimiza siempre comparando lo que roban los de guante blanco. Tal vez es comprensible que la necesidad obligue al chanchullo, que el hambre incite al robo y bien es cierto que ahora  son solo culpables quienes no tienen dinero, pero esto no es óbice para que la ética personal vaya introduciendo valores de honestidad porque, de lo contrario, estamos propiciando que se justifique desde lo personal a los que llegando al poder hacen lo mismo. Quién no ha oído la frase, “yo hubiera hecho lo mismo si pudiera”, “éste es tonto porque lo han cogido”... Así nos hermanamos con delincuentes y perdemos capacidad moral de crítica. Una sociedad en que cada vez están más distanciadas la moral, la ética y la legalidad tendría que hacernos pensar en profundidad.



















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