domingo, 15 de abril de 2012

Matayotes matayotetos kai panta matayotes.



Me ha llegado un artículo: "El placer de ser tan desgraciado como tú", publicado por Santiago Alba Rico (SAR) en Rebelión el pasado 12 de abril, y no puedo por menos que comentarlo y además profundizar en tan interesante tema. 
Para empezar, ya el título me parece un poco osado, epatante. Y, desgraciadamente,  previsiblemente, el contenido no le desmerece, abundando en la línea de prestidigitación verbal a la que -con cierto cansancio ya- nos tiene acostumbrados su inefable autor.
He tenido que leer varias veces el artículo y en especial el siguiente párrafo: “... qué tiene que pasar para que al ser humano le resulte indispensable el placer e insoportable el dolor de otro ser humano...”(¿?) Deja esta pregunta en el aire y pone el ejemplo de una madre "de ambos sexos" (no entiendo como una madre puede tener ambos sexos, aunque debo creer que su sentido es tan profundo que mi limitada "intelectualidad" tan solo lo intuye)
Debo recordarle que el  "instinto  de protección de la especie" debería surgir en los padres, sean del sexo que sean; es más, debería surgir en todo adulto que se encuentre cerca de un niño. Pero como hace años que no andamos en hordas y el concepto de familia ha hecho propietarios de las criaturas a sus progenitores, a ellos compete, por lo general, sus cuidados y desvelos. La naturaleza ha acudido en su ayuda, -no en la de todos, ya que el "instinto" ha devenido impulso y no se da en todos los miembros de la especie-. Este proceso lo llevan a cabo determinadas hormonas como la prolactina, la oxitocina y estrógenos como el estradiol que predisponen y promueven el cuidado de los recién nacidos, facilitándoles más posibilidades de sobrevivir, dado el nivel de inmadurez con el que nacen. Aunque este instinto en algunas especies es muy fuerte, en otras, como la nuestra, necesita además del aprendizaje. Sin aprendizaje no es posible que se puedan transmitir ciertos comportamientos. El caso por ejemplo de los gorilas. La hembra de gorila en cautividad que no ha visto cuidar a una cría, no sabe hacerlo (ver tesis doctoral Mª Teresa Abelló Poveda : Factores incidentes en la reproducción y desarrollo de los primates en cautividad: conservación “ex situ” de los gorilas occidentales. Pag.47) y deben apartársela. 


Actualmente hablamos de empatía, como la cualidad de ponerse en el lugar de los otros. Los ejemplos que pone SAR sobre lo que llama  “moral de la simpatía” (citando a Tzvetan Todorov) con referencias alejadas a nuestro entorno, es un tanto paradójico cuando tenemos en nuestro país casos como el de  las "Brigadas internacionales", en las que 59.000 voluntarios de 54 países vinieron a ayudar a la República, en una cruenta guerra civil, simplemente por solidaridad con el pueblo y muriendo muchos de ellos en esta triste guerra. Me parece innecesario y recurrente tocar siempre el mismo tema como el exponente máximo de dolor, que sí lo hubo; pero hay horrores que actualmente se viven y se padecen y gente solidaria que, no  ajenos al dolor de los otros, se han alzado en su ayuda. A mi parecer, no hacia falta buscar ejemplos de casos patológicos en los que la depresión y el desánimo abocan a actitudes autolesivas.
Después, alegando  “cierta ceguera emocional” , “antropológicamente normal” frente al “sufrimiento lejano”, dice que hay algo excepcionalmente ejemplar en la “santidad”... ¡Pues si que vamos bien! ¿Quiere decir en los héroes? ¿En las personas que se solidarizan con otros y arriesgan su vida? ¿Santos? A mi francamente me parece una terminología poco apropiada. Si es para que lo entienda el público, entonces... ¿por qué el resto de la complicada terminología? 
Debo imaginar que se refiere a que los seres humanos tienen mecanismos instintivos que los alerta de peligros y que velan por la continuidad de sus genes. Si es así, debería también nombrar los mecanismos empáticos que  permiten la sociabilidad, la solidaridad y el aprendizaje. Sin ellos el ser humano no hubiese evolucionado y no habría bajado de los árboles, no fabricaría herramientas, no tendría lenguaje... En definitiva, no tendría una cultura. Sin individuos empáticos, altruistas y solidarios, nuestra especie se habría extinguido. ¿Qué es pues admirable? ¿Que seamos humanos? Lo que debiera extrañarnos es que no lo seamos.


Son muy interesantes al respecto las conversaciones epistolares entre Einstein y Freud, en las que se preguntan lo mismo y la respuesta de Freud, logicamente producto de una época.
Hace tiempo que se sabe de las “neuronas espejo”,  y el gran campo de investigación en el comportamiento humano que ha abierto su descubrimiento, dando explicaciones incluso a ciertas teorías freudianas, como explica Vilayanur Ramachandran  en esta TED talk 











O en esta otra, en el que trata de las "neuronas espejo":



En este link se puede leer en una entrevista a científicos preocupados por el tema, con enlaces a sus libros y algún vídeo más; he preferido los anteriores por estar subtitulados en castellano.

Asegura SAR que “la indiferencia como norma a todos los intercambios humanos” no es producto de una doctrina... ¿Si ha tratado de describir el capitalismo desde un punto de vista social ahora desde qué punto de vista lo hace? 
Sublime la metáfora del Nescafé (haciendo encima propaganda publicitaria) para decir que el capitalismo ha engullido con imágenes publicitarias de su “mercancía” al “tiempo narrativo” (según él, "el de las montañas, la maternidad y la poesía" (¿¿??): ¿Por qué esto? 
El sistema capitalista intenta convertir los deseos humanos en necesidades. Las emociones son descontextulizadas de su finalidad. Se necesitan emociones rápidas y efímeras, para así lograr una obsolescencia emocional. El objetivo es un consumo constante, creando las pertinentes dependencias y, como en cualquier droga, necesitando cada vez más y mejores. 


Satisfecha la emoción, se va en pos de otra y es una vorágine imparable. Da igual que se sea rico o pobre, el sistema ha mercantilizado estas emociones, pero, como en todo, las más sofisticadas solo pueden pagarlas los ricos. 
Tan solo se busca miedo y solo el miedo; se busca sexo y solo el sexo; dolor y solo dolor; vivido todo como una experiencia en la que se sabe pasajero. El placer del dolor del otro podría incorporarse en un tipo de patología sádica y si encima se quiere vivir en carne propia, de masoquismo. 


Las emociones provienen del exterior, del que debemos protegernos para sobrevivir, ahora un exterior artificial que incita a disfrutar emociones; a los que no las viven o a los que las viven demasiado. Estos medios exentos de cualquier ética válida utilizan el progreso tecnológico para rentabilizarlas (tendremos que buscar una definición de ser humano para saber qué concepto de felicidad -y por lo tanto de ética- buscamos que no sea el que pretenden imponer en el sistema capitalista; veamos este ensayo de Pinilla de las Heras sobre La concepción antropológica de Marx y su relación con la investigació sociológica convencional y con la crisis de valores en la presente mutació histórica).


Serán la socialización, la aculturación y la educación las que nos dirán qué sabores no debemos temer, ante qué dolor nos debemos alertar para no herirnos (si no sintiésemos dolor no detectaríamos golpes, nos quemaríamos, nos lesionaríamos con facilidad y peligraría nuestra vida); qué sexo debemos promover, ya no para reproducirnos sino para comunicarnos; de qué miedo nos debemos poner a salvo y qué alertas que todavía no forman parte de los miedos atávicos (nos da miedo un cuchillo, nos da miedo una arma... pero todavía no nos atemoriza un dron)


Así pues "el abarca más el ojo que la tripa" no tendría razón de ser en personas que supiesen que la saciedad llega al cerebro con más retraso que la vista. ¿Quiénes quieren probar todos los platos de un banquete? 


No puedo entender que acuda, para demostrar esa desvinculación de la emoción con el objeto, a decir que los seres humanos inmersos en este nuestro capitalismo, nos planteamos ¿me moriré sin haber comido ancas de rana o caviar? ¿Sin conocer Tombuctú? ¿Sin haber hecho el amor en un avión? ¿Sin haber vivido un terremoto? ¿Sin haber sufrido un asalto armado o una violación?
Aparte de que pienso que no son oportunos estos primeros ejemplos en el momento actual y que denotan cierta falta de sensibilidad, porque ¿quién se plantea comer caviar, cuando lo que no puede garantizar es comer?; pero tampoco los siguientes traídos "in extremis" para elevar progresivamente el tono de la argumentación, en un encadenamiento falaz.
Me parece provocativo el decir o pensar que alguién pueda querer vivir un terremoto, un asalto armado o una violación, por muy "emocionantes" que puedan parecerle los ejemplos. ¿Quién puede ser tan gilipollas de querer vivir un terremoto o un asalto armado o una violación? ¿Quién puede ser tan impresentable como para no tener en cuenta lo que sienten las personas que han sufrido estas experiencias traumáticas?
Claro que si antes los metemos dentro del saco de "los otros" tal vez pueda vivirse la experiencia con la segregación de suficiente adrenalina. Puestos a poner, por qué no poner el de un enfermo terminal, con quimioterapia y todo.
¡Mucha tele y películas norteamericanas y publicidad ha visto!
Se buscan nuevas emociones que vender a un público cansado de monotonía y que no sabe en qué gastarse el dinero que ha conseguido gracias  a no ponerse en el lugar de los trabajadores a los que explota.  Las agencias de viajes se inventan atractivos que se basan en promover los más primarios instintos, estos que la cultura debería educar y transformar en beneficio de la comunidad.
Poner en el mismo saco organizar "cacerías de prostitutas desnudas con rifles de pintura" con “ataques reales a la población palestina en Israel”,  ya nos dice mucho. ¿Atacar palestinos... en Israel? ¿Reales? ¿Han inventado el guiri-mercenario amateur?
Dice que los ricos quieren saber lo que sienten “los débiles, los sometidos, los marginados” ¡Pero si eso es precisamente lo que no quieren saber! ¡Quieren sentir el placer de no ser como ellos! ¡De degradarlos a una escala inferior en la que sus emociones no les importe! Es como una corrida de toros en la que encima les hacen un favor "por proteger a la especie".
Pronostica el éxito de ser “pobre por un día”, en el que el aliciente no sería otro que el saber sobrevivir y superar retos hasta ahora seguramente  desconocidos para un número importante de la población; pero todo llegará y a muchos  ya no les hará falta pagar por ello. 
“Nada humano me es ajeno”; cita ahora a Terencio en su Heautontimorumenos (El atormentador de sí mismo) para suponer el placer que “nos” proporcionaría “experimentar las emociones de Auschwitz con un guía oficial y sin gas de verdad en la última parada” ¡Será a él!
¡Qué fijación con esa época histórica! 


Todo este artículo parece más la exudación de la vanidad de demostrar que se pertenece "al grupo", denotar que se posee un dominio de la argumentación empleando un lenguaje falsamente academicista que solo pueda compartir una minoría y deslumbre a los más, es la obra fatua que se erige en obra de arte solo por ser ininteligible e inalcanzable para el público de a pie y que se expone en pequeñas y escogidas galerías. Como la Teoría de Lacan, en las que la figura simbólica del "padre castrador" es la que se encarga de decir "no" a los deseos insaciables del niño, o como Gustavo Bueno, con su  Teoria del Cierre Categorial, en la que intenta dar una explicación de qué es la ciencia (aparentemente incomprensible). Estaría más de acuerdo con Wittgenstein en su Tractatus Logico-Philosophicus. Lo importante, dice, es el lenguaje; si se entendiese el lenguaje sería innecesaria la filosofía, "nuestra cultura compartida se contrapone a la filosofía individualizada". 
Los términos tienen su significado y responden a una necesidad de conceptualizar paradigmas, apasionantes entresijos que descubren un interior de fascinates caminos del razonamiento.  


Pero en el artículo de SAR, es como ponerse un vestido de Zara o Mango, para parecer que es de Armani o de Ives Saint-Laurent.  
Cuatro frases rimbombantes, cuatro referencias literarias y unos ejemplos que escandalicen y ya tenemos un "enfant terrible" entronizado en la "gauche divine" y así, sin vergüenza alguna, poder alinearse con los planteamientos más reaccionarios que apoyaron las actuaciones en Libia o apoyan las mentiras sirias. 
No entro en esos artículos porque ya lo han hecho otros: como escribe Francisco Frutos en su blog  "que un tipo así pase por intelectual revolucionario, y que además vaya a los foros a ilustrar la Revolución, clama al cielo."




Este vídeo es un resumen bastante didáctico, creo que para ver varias veces, que explica un poco de qué sirve la empatía.


Muchos han perdido la empatía, nuestros circuitos neuronales han escogido caminos más fáciles que el sistema ha propiciado y que ha conseguido la indiferencia por el prójimo. 


Porque el dolor virtual ya no se diferencia del real; porque no nos han educado para pensar en los demás; porque las guerras ya no son cuerpo a cuerpo, son en una cabina, apretando un botón o dirigiendo aviones sin riesgo alguno.
Así se deshumaniza y se hace creer que “los otros” no sufren ni sienten como nosotros, que son nuestro enemigo. Con un enemigo a quien culpar de nuestras frustraciones se vive mejor. Esos "otros" son siempre inferiores por no pertenecer a nuestro grupo, sea el familiar, el de la escuela, el del equipo de fútbol, el del clan, el de la etnia, el del país, estado o continente. 
Separamos por el color de la piel, por el sexo, por las creencias, por todo aquello que nos venden y que nos creemos a pies juntillas sin  pensarlo. Este perverso sistema es lo que intenta; que no razonemos y que solo nos emocionemos. Es degradarnos y desposeernos de la razón,  que nos diferencia del resto de las especies.
El problema no será que el rico se quiera poner en el lugar del pobre, es que a los ricos que queden, les permitan los pobres hacerlo.


"ματαιότης ματαιοτήτων και  πάντα ματαιοδοξ" o lo que es lo mismo "vanidad de vanidades y siempre vanidad"

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