lunes, 25 de abril de 2011

Un aniversario de lo que pudo ser una revolución.

La revolución de lo claveles fue un alzamiento militar que fue secundado por el pueblo y liderado por 200 capitanes y que consiguió derrocar la dictadura salazarista, sacar de la cárcel a los presos políticos, la liberación de las colonias y el regreso de los exilados.




Un 25 de Abril de 1974  los capitanes coordinados por Otelo Saravia de Carvalho y a la señal de la canción Grándola Villa Morena obligaron a Marcelo Caetano, primer ministro y sucesor de Oliveira Salazar, después de siete tensas horas, a entregar el poder a Antonio Espínola creando una Junta de Salvación Nacional. Salazar dimitió seis meses después. Es un caso único en el que un levantamiento militar instaura una democracia, otra cosa es pensar si esa democracia ha servido para algo más que para afianzar el neoliberalismo. El carismático Otelo Saraiva de Carvalho fue juzgado y condenado tiempo después por "izquierdista" e indultado posteriormente.



Durante el corto periodo revolucionario (cerca de dos años) fueron ocupadas fábricas. Se nacionalizaron bancos y se colectivizaron tierras. Pero a golpe de elecciones y con el socialdemócrata Mario Soares, poco a poco se fue perdiendo lo conseguido.


Yo había visitado Lisboa meses después con un compañero de clase, Esteve Puig, con un 600 y poco después de la revolución de los claveles. Fuimos a oír a Othelo Saravia de Carvahlo. El ambiente era de entusiasmo y júbilo. Estuvimos acompañados por un profesor amigo de su familia que nos llevó a ver las colectivizaciones del Alentejo. Me sentía protagonista de aquel momento singular que irradiaba optimismo y alegría. En España la situación era muy tensa y se vivía pendiente de lo que estaba pasando en el país vecino. Nosotros deseábamos que se contagiase España, que el ardor revolucionario traspasase las fronteras, pero paradójicamente nos perjudicó; alertados de la situación y ante el temor de una revuelta y con el fantasma de la guerra civil en la trastienda, la esperada revolución se convertiría en una "transición" aguada, ya que la derecha española, apoyada por líderes internacionales como Willy Brandt  y Henry Kissinger, veían claro que la situación vivida en Potugal no podía repetirse en España. Antes de que muriese Franco, tenía que haber ya una oposición moderada.

Me había impresionado Lisboa y su gente, la cantidad de mutilados de las guerras coloniales y las inmensas cola para votar. Nos teníamos que encontrar con Gentil Puig, profesor nuestro, en la Plaza del Rossio, cosa que evidentemente fue imposible. Me sorprendió el Tejo y su puente do 25 de Abril, el castillo de San Jorge, los tranvías, El Chiado, la luz, la ciudad y sus desniveles, el elevador de Santa Justa de Eiffel, la pobreza de sus barrios extremos con niños descalzos, la alegría de los rostros. Los letreros...

Al acercarse el primer aniversario decidí volver; esta vez éramos cuatro y salimos a primeras horas del día 24 de Abril con la intención de llegar por la noche y estar allí el 25: teníamos un fin de semana por delante y el 600.

Albert Riba y E. Bernaus en la Plaça do Rossio (Foto de la autora)
Aquel día 24 de Abril estaba tranquilo. La plaza del Rossio estaba llena de gente hablando de política española, acababa de volver Carrillo y se estaba gestado lo que sería más tarde la Junta Democrática y allí nos encontramos con José Antonio González Casanova profesor de Económicas de Albert (Albert Riba, hoy Presidente de la Asociacion de Ateos de Catalunya y ex-padre de mis hijos) y de Eduard Bernaus (hoy Subdirector d'Admninistració i Patrimoni del Institut Català de la Salut)


Albert,Pepita y yo en el centro. Al fondo el Castillo de San  Jorge (Foto de la autora)
Subiendo al Chiado.
González Casanova me apodaba “La guerrillera” y habíamos mantenido largas charlas sobre política, estaba allí como corresponsal del periódico “Mundo Diario”. Tiempo después sería uno de los artífices de la Constitución. Las conversaciones eran animadas pero del todo imposible seguirlas, por mucho manual que llevábamos de “portugués en siete días” que todavía corre por casa.



Venía con nosotros “Pepita” que era en aquel tiempo mujer de Lluís Balsells y que se emprerró en comprar un voluminoso libro sobre Lenin. Nos agenciamos multitud de pósters que camuflamos como pudimos en los laterales del coche, con el consiguiente conflicto en la frontera en la que nos hicieron desmantelar todo, pero no encontraron nada y eso que el libro de Pepita nos hizo pasar un buen susto.
Ahora es la Banca quien se come al país (Fotos de la autora)
Desde el balcón del hostal mirábamos el ir y venir tranquilo de la gente, hasta que a las 12 horas en punto de la noche, comenzaron al unísono a sonar cláxones y pitidos. ¡O Povo está con o MFA! Y no cesó hasta la mañana siguiente! La gente por la mañana iba con palmas y laureles y multitud de claveles rojos...Oír el Gràndola, Vila Morena, que era la canción que inició la revuelta, ponía los pelos de punta, era emocionante y conmovedor ver el entusiasmo de la gente.


Amanece después de toda una noche de cláxones y bullicio (Foto de la autora)
Todo estaba cerrado y no pudimos comer en ningún sitio (tampoco teníamos dinero) Las calles estaban llenas de gente conocida, Adolfo Marsillach y muchos artistas e intelectuales del momento.
Habíamos alquilado unas habitaciones en un pequeño hostal en la misma plaza y justo debajo había una pastelería en la que al día siguiente casi asaltamos y en la que devoramos cantidad de pasteles.
Me sorprendió el propietario que antes de irnos me entregó una carta y me pidió a ver si podía escribirme...¡No entendí nada!
He visitado varias veces más la ciudad que tiene para mí un atractivo especial, pero nunca recuperaré lo que fue esto. Nada queda, forma parte de una ilusión de juventud que a veces me parece un sueño.
¿Qué paso? ¿Qué nos pasó? Nos engañaron, como siempre.

Niños bañándose en la Plaça do Rossio. (Foto de la autora)

1 comentario:

Miquel dijo...

Me quedo con el final, con el mismo final de siempre...Triunfó.....el SISTEMA...si, mi niña, si. Y hoy los tienes que no pueden ni moverse, porque otra vez (y no se cuantas van) están acorralados. Salut