Difícil educar.


 
Mi abuela con sus alumnas.


Tristemente, los medios están en manos de los poderosos, de los que necesitan mano de obra barata y esclavos que trabajen doce horas al día para comprarse (a plazos) el coche del anuncio, el móvil de última generación o el viaje de ida y vuelta a un país lejano para la foto. Interesa una pantalla enorme para los videojuegos, para ver el fútbol y la telebasura, recuperarse del trabajo o de la insatisfacción del paro, cerveza en mano en el sofá; o, en el caso de las mujeres, añadiendo al pluriempleo el desempeño de las tareas domésticas (la cosa, por desgracia, no ha cambiado demasiado).  La vida de ensueño que les venden la disfrutarán los que van a escuelas de élite, los que pagan másteres inalcanzables para el vulgo y hacen prácticas gratis gracias a los padres. 
Es el sálvese quién pueda y acostumbrar al cerebro a felicidades pírricas en ese individualismo con el que se consume más y se mantiene el sistema y que deja sin capacidad para la protesta. No se tiene tiempo, prima lo inmediato y se tira del canguro barato de la tele o el móvil y después la consola, que se ha convertido ya en un aliciente para jóvenes y adultos. La educación en el esfuerzo, educar en la moral y la ética son valores caducos; interesa que cada vez estén más alejados de la legalidad, interesa una "legalidad" para el pueblo pero sin el pueblo que permita brechas para robar a espuertas dando trabajo a despachos "profesionales", que gracias a sus elevadas minutas, convierten a los ladrones, inmorales y sinvergüenzas, en inocentes.  
Se educa en el aula, pero también en la calle, en la familia, con compañeros y amigos; se educa con la televisión llena de mensajes subliminales (o no tan subliminales), noticias que distorsionan la historia, con  tertulias con la pincelada de la opción política para ir creando opinión; se educa en la emoción torticera y se estigmatiza la razón con programas-basura que crean la esperanza del salto a la fama y el dinero fácil gracias a la mediocridad, la vulgaridad, la obscenidad y el esperpento. Llegar a ser rico aunque sea por internet jugando a juegos de azar, promocionándolos sin pudor alguno en horas de más audiencia y arruinando familias. Películas, series, videojuegos, en los que los celos son una prueba de amor, la venganza un deber y el infringir dolor y muerte una cotidianidad más que aleja de la realidad del día al día. Poco importan los valores de solidaridad y compromiso. Huir de conflictos para hacer corderos sumisos. Pseudociencias, brujas y mediums..., ¡triste futuro nos espera! 
Difícil educar, muy difícil.

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