domingo, 16 de octubre de 2011

Del 15-O al 20-N y muévete porque te toca.



La cotidianidad de estos meses me ha enmudecido.  Me han golpeado las noticias y me he quedado sentada en esta estación sin nombre, esperando ese tren que no sé a dónde va.
Pero la chispa de esperanza que se esconde tras una marcha ha avivado la necesidad de trasmitir ese sentimiento.
Es duro ver el contraste de una ciudad repleta a todas horas de turistas, ver que sus calles y sus paseos, sus casas y sus monumentos se han convertido en "itinerarios turísticos".   
Después de darme un paseo por "La Meca" catalana, léase "Sagrada Familia", intentar sortear las multitudinarias colas de "La pedrera" (Casa Milà),  la de la "Casa Batlló", el museo Picasso, etc., ser casi arrollada por algún bici-turista despistado,  esperar pacientemente a que un personaje enarbolando paraguas, abanico, cartulina estridente, banderín o lo que sea que identifique al grupo, pase con su séquito de desconcertados y pintorescos personajes, cámara en mano y botella de agua en la otra y bolsa de souvenirs y mochila al hombro, de ver el ir y venir de trajeados individuos con chapas de congresos en la solapa, grupos de personas con camisetas homogeneizadas por un logotipo de empresa, en definitiva ese "glamour" con el que se ha teñido la ciudad y con la que ha ganado internacionalidad  y la ha convertido en ese escaparate amorfo y despersonalizado en el que -todo- está pensado para ser un atractivo reclamo para el que nos visita. 
Restaurantes a los que nunca podremos ir,  tiendas en las que nunca podremos entrar,  museos que nunca podremos visitar... y a éstos se irán uniendo hospitales a los que no podremos acudir, más escuelas y universidades a las que nunca podremos enviar a nuestros hijos y un sinfín de entidades públicas a las que no podremos acceder si no es pagando.
Esta es la maravillosa "internacionalidad" que nos están vendiendo y nunca mejor dicho. 
Pero ayer, 15 O, la calle se llenó de gente y de nuevo juntos me sentí reconfortada.
El recorrido estuvo lleno de contrastes, de gente de todas las edades y nacionalidades (al menos en origen), de personas con panderetas, de tapas y cucharas, de pitos. Era curioso observar la ciudad a pie por el medio de la calzada, observar a la gente en los balcones, a unos personajes tomando vino y fumando un puro mirando sentados en una mesa en el balcón de su casa ( debía ser  el único día que el humo que podría asfixiarles era el de sus habanos y no el del tráfico) Me sorprendió la cantidad de gente que fuma,  siendo difícil sortearlos. 
Me impresionó ver los lujosos coches de los hoteles de la Villa Olímpica, los sorprendidos clientes asomados a las terrazas observando el espectáculo.   Me dolió ver un coche aparcado cerca ya del final del itinerario, con las ruedas medio deshinchadas y lleno de polvo y en su interior un hombre de mediana edad y dos perros en lo que parecía ser su vivienda.
Ir recordando la historia en cada esquina de esa ciudad despojada por unas horas de su quehacer cotidiano.
Otro mundo es posible, estoy segura, solo que tendremos que esforzarnos, vayamos a votar el 20N. Creo que no somos tantos cómo para que una abstención o un voto en blanco sea útil.

1 comentario:

Paco Frutos dijo...

Anímate amiga y compañera y escribe, además de vivir todos los resquicios de dicha posibles. Es duro convivir diariamente con una realidad de caos y degradación social que afecta a un colectivo en gran parte ausente de la más elemental rebeldía, alienación decíamos antes, y conciliar la aventura personal con la colectiva. El pasado 15 O fue un día en el que surgieron y salieron a la calle impulsos de resistencia moral y social a lo que ocurre, a pesar de contradicciones y silencios del movimiento en relación a asuntos candentes. A pesar de todo se avanza. El 15 O se avanzó.