lunes, 18 de julio de 2011

No sabía de muerte... tampoco sabía de vida.


Hoy hace muchísimos años que murió mi padre. A la una del mediodía fallecía en una Clínica de Barcelona y me dejó su mirada y sus manos, ahora mías, más pequeñas y menos protectoras. Su dolor y su angustia son una pátina que recubre de vez en cuando su recuerdo. Solos los dos, yo una niña. No sabía de muerte, tampoco sabía de vida...Tener su cuerpo desvencijado y roto en aquella cama de hospital sin nadie, con la ausencia de médicos que el caluroso Julio había llevado a las playas o no sé a dónde, con mi embarazo a cuestas y el temor de lo desconocido. Mi madre rezaba, mi hermano lloraba en casa. Mi padre cogió mi mano y me escribió con el dedo "que venga tu madre" Mi madre no pudo, lloraba y lloraba y el único adiós se lo di yo. Juntos pasamos la noche mirando una bolsa y una sonda cuyo límite marcaba su muerte, los dos esperanzados en ese triste paquete transparente. Vinieron al fin los médicos y ya no fue mi padre, fue un enfermo y y lo voltearon y lo desnudaron y papá me hizo quedar. Indefenso como un niño, ávido de palabras que ya no tenía y me dijo como pudo, "tengo miedo" y yo allí tranquilizándolo o angustiándolo, porque entonces creía en otra vida y creía que él también lo creía, que tan solo quedaba su cuerpo ya desbaratado, entonces desconectaron todo y me sentí terriblemente herida. ¿Lo dejaron sufrir sin ningún sentido para esto? Lo decidieron asi, sin más, sin decir nada y tan solo en pocas horas papá murió. Fue mi primer contacto con la muerte y poco después con una vida. Mi hija nació allí, en la misma clínica, una semana más tarde, cerca de aquella antigua habitación que ya no está en uso, pero que ahora veo al pasar (durante muchos años fui incapaz de pasar por delante) y pienso que ahí me dijo adiós mi padre y que sus cuarenta y nueve años no eran nada y que siento nostalgia de él, todavía.
Me gustaría tenerlo a mi lado y haber compartido más tiempo su vida.

1 comentario:

Miquel dijo...

Tuviste la triste fortuna de estar a su lado...Otros solo el sabor de una despedida amarga....Hay días que no debieran despertarse nunca. salut