viernes, 15 de abril de 2011

Un nuevo itinerario...



He dejado para otro post los comentarios (si es que merecen la pena) de la lectura del Proyecto de Ley de Reforma de las Pensiones que el Gobierno aprobó el pasado 25 de Marzo y que ahora ha remitido al Congreso de los Diputados. El proyecto ha superado lo previsto con nuevas aportaciones. Su redacción es farragosa, ininteligible y ambigua y necesitará de aprobarse con esta redacción, de un reglamento muy clarificador para desenmarañar un texto confuso y enrevesado que nos colarán con toda seguridad (igual piensan que así no nos enteramos)
Pero hoy estamos con un pie en el fin de semana y si me permitís os llevaré por el discurrir de un día cualquiera. He recordado una pequeña novela que leí hace muchos muchos años de Peter Weiss, “La sombra del cuerpo del cochero” y que me sorprendió enormemente. Eran unos años en que estaba ávida de lectura, después de Enid Blyton, pasé a los libros de Guillermo Brown, de la escritora Richmal Cropmton, apasionantes aventuras de un niño y su pandilla, los “proscritos”, que bebían agua de regaliz y se reunían en su “cobertizo” a maquinar bienintencionadas acciones incomprendidas por los adultos y su familia. Me imaginaba el pueblo, a su padre, que me recordaba al mio o al que hubiese querido tener, el olor a campo, el olor a pastel de gengibre, esa niñez que a mí la ciudad me había robado. Después descubrí los libros de mi padre, encuadernados en piel de ediciones Aguilar y tras ellos fueron cayendo desde Cervantes hasta Teresa de Avila y ni que decir tiene Shakespeare. ¡Qué emoción Hamlet! ¡Qué tristeza Romeo y Julieta!... Después de despojarme mis tíos de las aventuras de Rocamboleque debieron considerar pecaminoso (los mismo que arrojaron mi pequeño gorrión por el patio de luces considerando que volaría y que a bien seguro acabó en las fauces de algún gato o despanzurrado en el suelo) pasé a las lecturas de ciencia ficción. Es de recordar la serie de novelas de Venus, libros de los muchos que mi padre encontraba en el mercado de San Antonio después de remover horas y horas. Tan sólo conservo uno de los cuatro que componían la colección y eran de tapas duras, con unas imágenes de unas naves y de Venus, maravillosas aventuras de Edgar Rice Burroughs, pero mucho menos conocidas que su Tarzán. Después llegaron los de Agatha Christie y libros como “La hoja roja “ de Delibes o La tía Tula” de Unamuno. Me ha parecido interesante adjuntaros este vídeo con una faceta un tanto desconocida de este autor. 
Otro de esta época  como no, fue “Sinuhé el Egipcio” o “Los Miserables” de Victor Hugo. Es curioso que no recuerde los leídos por obligación en la escuela, pero si mi empeño en leer "El fenómeno humano" de Teilhard de Jardin, en aquel tiempo en el que no entendía nada y ya deshaciéndome de una religión a la que renunciaría después. Descubrí a Simone de Beauvoir con su “Segundo sexo”, antes de adentrarme en su apasionante biografía sin haber descubierto todavía a Sartre y "La náusea" , mucho antes de ensayos e historia, antropología, derecho, psicología o marxismo y    a Engels con su  "El origen de la familia la propiedad privada y el estado", -libro de culto para mí-.  Antes  de devorar novelas, antes de llegar a Lawrence Durrell o a Graham Greene, e incluso antes de leer a Gerard Durell y sus peripecias familiares, llegó a mis manos este pequeño libro de Weiss que debió perderse en uno de mis múltiples traslados o bien ahora figura con muchos otros, en las bibiotecas de alguno de mis ex.
Recuerdo que el libro va describiendo retazos entrecortados de lo que oye y ve, me resultó fascinante.



Todo esta introducción para empezar a contar unas horas del día de hoy:
Cojo el coche y cómo es habitual en un tramo en el que la carretera pasa a ser de un solo carril y en la que hay un semáforo, se van colando por la izquierda vehículos, ocasionando que los que estamos en la derecha tengamos que esperar a que ellos se incorporen y que el semáforo se nos ponga rojo unas cuantas veces. A pesar de saberlo, otras personas como yo esperan, paciente o impacientemente. Algunos intentan no ceder el paso a los que se han colado, que se cuelan igualmente, no sin antes lanzar improperios amortiguados por los cristales y abalanzarse contra los que estamos parados.
Por la carretera nacional rebaso grupos de ciclistas que se saltan los semáforos, por lo que da igual que los adelantes porque los vuelves a encontrar unos metros más adelante. Van vestidos de ciclistas, con pintorescas vestimentas con las que serían incapaces de pasearse sin bicicleta y que los hermana a esta singular orden donde les está permitido hablar coloquialmente entre ellos mientras conducen, saltarse los semáforos y las señales de tráfico, respirar tubos de escape a mansalva, esos si, con el convencimiento de llevar una vida sana.
Sobrepaso a una pareja que ella lleva en la silla de detrás de la bicicleta a un niño de unos dos años y él, que va unos metros más allá, lleva una pequeña caravana de dos ruedas cubierta por una lona calabaza y en la que tras una ventana se ve a dos niños pequeños sentados. Los que van detrás se las ven y se las desean para sortearlos. Más ciclistas, estos de la tercera edad y con caras de agotamiento.
Varias personas atraviesan la carretera teniendo un paso subterráneo al lado, otras pasan teniendo un paso de cebra a unos diez metros. Delante del camping espera un grupo de jóvenes para cruzar toreando los coches.
Otra vez tráfico denso y después de un rato un control policial en una de las rotondas. Varios coches de mossos de escuadra revisan a los automóviles que pasan.  Uno de ellos le está pidiendo la documentación a un conductor, un muchacho magrebí...
Ya en la autopista, carrera de autobuses de linea saltándose el límite de velocidad y embotellamiento en la ronda de litoral, pasan varios coches de los mossos y varias furgonetas de policía.
Llego a la ciudad, semáforos, desbandada de motos que se cuelan por la izquierda y por la derecha apurando espacios. 

                             

Bicicletas que se saltan semáforos. Humo, ruido, bocinazos, ventanillas bajadas con música a tope, taxistas parando en medio de la calle, en medio de una rotonda, en medio de un plaza, coche parado delante de un cajero. Todo zona verde, todo zona azul, todo zona de descarga...
Obras, me desvían sin letrero alguno que indique como llegar, vuelvo al mismo sitio, ningún letrero, tengo un séquito de tres coches que les ha pasado lo mismo.
Obviaré las horas siguientes...
De nuevo en el coche.
Información luminosa: Cinturón de litoral denso, cinturón de litoral con retenciones, cinturón litoral denso. Una hora después salgo de Barcelona. Decido ir al Carrefour.
Inmensidad, hileras e hileras de pasillos y nada está dónde estaba. No se ve personal. Cuando encuentras uno, no es de la sección y te dice que busques que debe estar por allí y señala el horizonte. Dos de la charcutería en alegre charla.
-Pues hija yo lo que quiero es encontrar a un millonario.
-Mírala que lista eso es lo quiero yo, pues mira te acuerdas de la Paqui, aquella que trabajaba aquí...
Les pregunto,  “no saben”
Después de una hora y sin la mitad de cosas, busco una caja de las veintisiete o treinta que hay. Solo están abiertas cuatro. La que te escaneas tu mismo los productos está colapsada por unos ancianos que no entienden como funciona y un par de jóvenes que tampoco lo entienden. No he pesado las alcachofas, he de ir yo a pesarlas poniendo la compra a un lado para que pasen los de atrás, “a no ser que quiera dejarlas”. He tenido que indagar donde está la báscula y después indagar dónde esta la dependienta que es también la que atiende a otras cuatro secciones. De vuelta a la caja, no dan bolsas porque no es ecológico. Compro un par que se rompen nada más llenarlas. Me dice que puedo coger otras pero tendré que cogerlas yo porque está atendiendo. Tengo que pasar entre la cola para recogerlas.
Observó que me han cobrado un cosa dos veces y mal. Voy a información con las bolsas rotas dentro de otras que siguen el mismo camino. Hay un grupo de dependientas que dan la impresión de ser las únicas con contrato indefinido por el aspecto de trabajadoras de Galerías Preciados e imagino que por su antigüedad no les han podido rescindir el contrato. Un hombre de mediana edad habla por teléfono:
-“... pues que voy hacer aquí, pues presentar mi currículum si no me quieren en Barcelona”.
-Perdonen... ¿Para presentar el currículum?
-Este pasillo a la izquierda.
Le explico el problema a una señora muy amable que me atiende, coge el ticket y me dice que va a mirar... Aparece al cabo de veinte minutos y dice que no lo ve. Insisto que me he fijado bien, marcha otra vez, un cuarto de hora, vuelve de nuevo y dice que nada, que no lo ve y que no hay nadie a quien le pueda preguntar. Le digo que voy a dejar las cosas al coche y que la acompaño.
Se acerca un joven bien vestido y con una bolsa de Dolce Gabanna.
-¿Patrimonio, por favor?
-Este pasillo a la izquierda.
Vuelvo y la acompaño, efectivamente está en su sitio...¡Pero el letrero está cambiado! Le digo que una de dos o es que me han cobrado mucho más o el producto que yo he comprado ya no está. Mira y remira, volvemos al mostrador de "Atención al Cliente", mira la revista de ofertas y no está. Entra una compañera y dice que parece que hay más luz, le dicen que es que han pintado la puerta...¡Ya me parecía que está más blanca!
Me dice que no me preocupe y teclea y me devuelve... ¡Dos euros!
Como el coche está muy sucio y no hay nadie en el túnel de lavado voy, pago un “servicio completo”. Me indica que me ponga en los rieles. A la mitad, una especie de fregona calva gigante se detiene sobre mí y allí se queda. Oigo ruidos y el operario para el túnel de lavado. Veo la espuma sobre los cristales.. ¡Parece el túnel del terror! Empieza a empujar mi coche, vuelve a poner en marcha el túnel, caen tres gotas de agua y ya estoy fuera... Tengo que darle al limpia parabrisas para ver.
Ya en la carretera me pasan en un semáforo varios individuos haciendo footing. Sudorosos y con sobrepeso... ¡Con el solato que cae! ¡Y al ladito de los coches! Otro pasa con un manojo gigante de espárragos trigueros...
Mas ciclistas...
Diviso un chaleco fosforescente. Un guardia está haciendo firmar lo que deduzco es una multa a unos jóvenes dentro de un coche, veo escondido el coche de la policía detrás.
De nuevo grupos de personas atravesando la carretera para no perder el tren.
Anciano con perro y sombrilla atravesando la carretera para ir a la playa.
Una moto me adelanta a 150 Km/h.
Otro día narraré lo que es hacer este recorrido con visión nocturna... ¡Espezlunante!
¿Será la crisis?


1 comentario:

Miquel dijo...

Absolutamente todos los libros de Guillermo han pasado por mis ojos...y los he leído...y reeleido...